miércoles, 16 de septiembre de 2015

PASEO DE OLLA


Desde muy temprano se sienten las altas temperaturas del clima y desde ya se escuchan varias iniciativas y propuestas de paseo en la tarde soleada propicia para disfrutar al aire libre el deporte, cinco de los muchachos acuerdan ir en bicicleta hasta el kilometro 10 de la carretera Occidental
donde esta ubicado un establecimiento público de diversión social muy frecuentado por las familias, con la condición que los dos últimos en llegar se encargan de cocinar cerca al rio un sancocho en leña, mientras que algunos se transportarían en carros particulares, otros viajan en bus, además las muchachas invitadas quieren aportan con otros alimentos al variado menú para pasar una tarde entretenidos.

Han llegado a la orilla del rio calmado y sereno en el correr de las aguas, lugar acordado y bien conocido por algunos, iniciando la búsqueda de abundante leña seca para acumular al lado del improvisado fogón que construyeron con tres grandes piedras sobre las cuales han colocado la olla con agua para hervirla inicialmente y matar algunos gérmenes que contiene el agua del rio (tal como indica la costumbre). Mientras tanto otros ayudan en la preparación del revuelto (pelado de papas y plátanos), entregan las carnes que previamente han traído preparadas desde sus casas y la limpieza del lugar, como era costumbre la buena música acompaña al grupo para seguir las letras al compas del movimiento y se inicia la repartición de bebidas para ayudar a mantener el organismo hidratado y alerta a todo lo que pueda ocurrir.

Juan y sus dos hermanas: Martha (la menor) y Marina (la mayor) van al rio para refrescasen en las cálidas aguas, aprovechando que la gran mayoría de personas están dedicadas a las labores de la cocina. Juan encuentra una rustica vara de pescar la cual fue construida con una delgada varilla de guadua y se encuentra tirada en la orilla del rio como si otra persona la hubiera olvidado. Sin pensarlo dos veces se apresura en forma inmediata a la búsqueda de lombrices que viven cerca de la orilla, ya que son tierras con fandangos y bastantes húmedas, encontrando su anhelado premio para disponerse a pescar y con tan buena suerte que cada vez que lanza el anzuelo, ahí mismo el pez lo pica quedando atrapado y así mismo lo sigue haciendo hasta obtener una buena cantidad, lo cual le da alegría y con grandes saltos los lleva apresurado al lugar de la improvisada cocina para que los cocinen. Casi de forma inmediata, se dan cuenta que olvidaron traer sal y condimentos para la comida y por esta razón el caldo no tiene sabor a nada, teniendo dos opciones: la primera era consumirlo simple o la segunda opción ir hasta una casa lejana que se veía en la distancia para obtener un poco de sal y así mejorar el sabor de la comida. Martha se ofrece para ir hasta la casa lejana caminando y solicitar un poco de sal, a lo cual, inesperadamente Ramón deja de lado su labor de preparación y se alista a acompañarla para evitar que corra algún riesgo.
  
En la distancia se alcanzan a escuchar los gritos de alegría y entusiasmo que emitían Alejandro y Francisco al ser los primeros en llegar al lugar como ganadores de la competencia en bicicleta que ellos mismos se forjaron realizar y le daban animo a Carlos quien debía hacer el almuerzo como parte del castigo por haber llegado en ultimo lugar. Pero por fortuna de Carlos, Yolanda ha estado colaborando y participando de todos los preparativos de la comida al igual que varios de sus compañeros de paseo ya habían iniciado el almuerzo porque entendían el esfuerzo físico que habían hecho y con el calor del fogón no estarían en condiciones de prepararlo.

 “Por fin llega la sal”, fue la expresión que muchos alcanzaron a mencionar cuando vieron regresar a Martha y a Ramón, para poder condimentar el caldo que rebullía en forma constante y a todo hervor, con la agradable sorpresa que la señora de la casa, después de escuchar la historia de los muchachos sobre su olvido les había regalado: arepas, aguacates, mazorcas de maíz, cilantro y otras hierbas para sazonar, con lo cual se aseguraba un buen resultado final para la comida, que estaba en su punto final y lista para su consumo.

Mientras algunos con balones de plástico, improvisan juegos para mantener la distracción, otros bailan al son de la música dando paso a sus mejores estilos de baile y el resto disfruta de las refrescantes aguas en repetidos saltos desde el tronco de un viejo árbol caído sobre la orilla del rio, entonces Yolanda dedica toda su atención a Carlos brindándole refrescos para mitigar la sed y con sus tiernas manos da masajes de relajación en el cuello y espalda para una pronta recuperación muscular. Es el momento del descanso y en el aire solo se escucha un leve ruido producido por la brisa en su transitar por el área, ya que algunos de los muchachos están durmiendo la siesta obligada después de comer y para recuperar las fuerzas físicas desgastadas por todo el ajetreo del paseo y así van pasando las horas hasta que deciden que es hora de regresar a casa.

Alejandro, Ramón y Pilar aceptan el reto extremo de regresar viajando por el rio hasta el pueblo aprovechando que el nivel del agua esta bajo, sobre un balsa de guadua que elaboraron con unas cuerdas que ataron a cada uno de los troncos para derrochar adrenalina y superar los nervios de adolescentes en aventura, únicamente ayudados por la mansa corriente del rio, largas varas que sirven de remos y el manto protector de nuestro Padre Creador. Mientras que Juan regresa en la bicicleta de Alejo acompañando a Carlos y a Francisco, el resto de muchachos (as) regresan en el bus a casa.



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